
"¿No es irónico?, en vez de decir en el noticiario que es el día de la revolución mexicana promocionan que es el día de Mcfeliz"
Reflexión altermundista de M, digna de una tira de Mafalada
Es el espacio público en el cual cuento a los demás cosas privadas que seguramente sólo me interesan a mi....

Hace 35 años estalló la avioneta en que viajaba mi tío Alfredo –V. Bonfil, para más datos– y lo que cuentan en mi casa no coincide con la Enciclopedia de México
Así, la similitud entre su muerte y la de Mouriño o no existe, o resulta obvia: se opusieron a grupos poderosos (de cañeros uno, ¿de narcotraficantes? otro) y, por absurdas, ninguna es heroica
No hubieran cambiado al país, además, y eso es lo macabro del asunto: los ejidos que llevan su nombre no suponen campesinos menos pobres pero sí la creación de un “héroe patrio” menor; tan útil para el discurso de Estado priísta como resulte, durante el resto del sexenio, la muerte del secretario
La V es de Vladimir, por cierto: mi abuelo estaba leyendo a Lenin
http://www.diasiete.com/14-11-2008/nombrar-ejidos
Despedida
Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada, limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.
¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas
de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.
Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos. Hago una caravana a las personas
que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.

Cada uno de estos puntos me llevó sin remedio a la camioneta negra donde metí todas las posesiones fisicas que tenía, todas las que mi estado alterado me permitó recordar y encontrar en la casona que fuera nuestra casa. El proceso de encontrar ese vehículo también fue muy extraño, ya que yo no tenía ninguno al que echar mano. Tras bañarme y salir de la casa fuí al departamento de la gata Higuera, mi hermana, y le pedí la camioneta para hacerlo.
Y me fui definitivamente...