martes, 28 de enero de 2014

PUBLICADO EN LA SILLAROTA.COM 18012014




En los últimos días se ha levantado una gran ola de celebración en los medios de comunicación porque un mexicano  ganó dos famosos premios como mejor director, gracias a su película Gravity (2013). Por supuesto que nos referimos a Alfonso Cuarón, quién en su última incursión en el cine hollywoodense parece consolidarse para ser un competidor por el Oscar de este año.

En muy pocos días el director, su equipo y la obra han recibido Golden Globes, Critic´s Choice Awards y un total de diez nominaciones a los premios de la academia de ciencias cinematográficas de USA, entre las que destacan mejor dirección, mejor fotografía y mejor actriz. Sume usted las nominaciones a los BAFTA británicos y tenemos una película dirigida por un mexicano que se está llenando de premios y gloria.


¿Y qué tan benéfico es esto para nuestro país y sus cineastas?

Ya en alguna ocasión, hace años, mencioné que me encontraba fascinado y aterrado al mismo tiempo por el éxito que el pequeño grupo de directores mexicanos que los medios bautizaron como el Tequila Gang, antes de que Guillermo del Toro fundara la compañía del mismo nombre, pues me parecía que su trabajo estaba haciendo mucho ruido y  cosechando multitud de premios, pero que a la larga  el esquema basado en el star system no tendría mucha repercusión en la situación real de la producción cinematográfica de México.

Y así hemos visto que películas, nominaciones y premios  de este grupo de directores  van y vienen.  Por  ejemplo, Biutiful (Iñarritu, 2010) logró premios en Cannes y en los Oscar para Javier Bardem y nominaciones para su director para la Palma de Oro y como mejor película en idioma extranjero en los Oscar, podemos agregar más de una veintena de nominaciones y premios a nivel nacional e internacional.

En el caso de Del Toro, mi favorito del grupo, su Laberinto del Fauno (Del Toro, 2006) logró ganar la mejor cinematografía en el Oscar, otorgada al mexicano y excelente cinefotógrafo Guillermo Navarro,  mejor dirección de arte y mejor maquillaje, así como muchas nominaciones más durante 2006 y 2007.  Su última entrega, Titanes del Pacífico (Pacific Rim, 2013), a pesar de la espectacularidad y de que nos encantó a los geeks fans de  los comics y  el manga, no logró colarse en los Oscar ni en las categorías de animación o efectos especiales.

Sin embargo, estos éxitos comerciales que celebran los medios en general han ocultado a la vista de la gran mayoría de los mexicanos la magra producción  de filmes nacionales que apenas roza las 100 películas durante 2013, en muchos casos en coproducción extranjera mayoritaria o autofinanciadas, y los  escasos 71 premios que recogieron de acuerdo con lo reportado por IMCINE. 

De esta forma muy pocos saben o recuerdan que el director Amat Escalante ganó el premio a mejor director en Cannes y fue nominado para la Palma de Oro, considerado por muchos máximo galardón del cine mundial para un director. Tampoco hizo eco el triunfo de La Jaula  De Oro (Quemada-Díez, 2013) en Sao Paulo y Mar del Plata o sus nominaciones al Goya, en España.

Y podríamos seguir con la lista de películas que son hechas con oficio, tenacidad y talento pero que nadie recuerda haber visto en cartelera o tan siquiera saber que se realizaron y se lanzaron en nuestro país. Quizá es que los medios y la audiencia de nuestro país preferimos fijarnos en melodramas espaciales, monstruos fantásticos o videntes moribundos que son presentados por directores que tiene un amplio espacio mediático, gracias a las taquillas abultadas y premios glamorosos que han recibido. 

Además hay otro aspecto del que casi nadie habla, las exitosas  películas del otrora Tequila Gang  que hemos mencionado cuentan con un indiscutible talento mexicano  representado en sus directores mexicanos y  a veces también en sus directores de fotografía. Sin embargo, ninguna de esas películas son atribuibles a México, es decir los premios que se reciben no los podemos pensar como premios logrados por nuestro país. 

Si revisamos las fichas técnicas de Gravity, Laberinto del Fauno y Biutuiful podremos ver que casi todas las productoras involucradas, la gran mayoría del crew, los estudios, una gran parte del talento de arte y técnico, y el financiamiento proceden de Estados Unidos, España u otro lugar fuera del territorio nacional.

No nos equivoquemos, no soy un ultra nacionalista trasnochado que diga que tooodo tiene que ser nacional en el cine, o no es válido. Tampoco crítico per se el hecho de que directores de nuestro país realicen películas en Hollywood y ganen premios. 

Lo que me parece cuestionable es el estado que nuestro cine presenta, el poco seguimiento mediático que tienen películas humanas que tratan de temas más cercanos a nuestra realidad y la incapacidad que tenemos como audiencia para darle un voto de confianza a las películas nacionales que entran a cartelera al preferir siempre el éxito de moda sin importar que sea dirigido por mexicanos, americanos, indios o suecos y obligando así a los distribuidores a retirarlas por opciones más lucrativas.

La verdad me tiene harto que los éxitos nacionales en cualquier actividad sean efímeros y sin consecuencias. Y así tenemos UN premio Nobel de Química, pero no mayor investigación científica; tenemos UN equipo Triki campeón mundial, pero no hay más deporte ni una política nacional para fomentarlo; tenemos UN equipo campeón en olimpiadas académicas, pero la educación en general es un desastre…y así podemos seguir

El gran problema con los premios de Gravity es que, casi por seguro, no afectará positivamente a los creadores y realizadores radicados en México y no será el gatillazo que impulse el crecimiento de nuestro cine y de las videoartes. Tampoco ayudará a mejorar las condiciones de cuasi censura que otros realizadores sufren o la falta de verdaderos apoyos financieros

Y por eso al ver las noticias de los premios de ésta realización  me surge la pregunta, ¿otra llamarada de petate?

lunes, 9 de diciembre de 2013

PUBLICADO EN LA SILLA ROTA.COM 06122013




Hace unas cuantas semanas el Baja International Film Festival arrancó con una película animada proveniente del sur del continente, la ya famosa Metegol (Campanella, 2013),  la cual inició así su exitoso paso por las pantallas de nuestro país.

La calidez y originalidad de la historia de esta película animada argentina me puso en la vía de una reflexión recurrente que me persigue desde hace años,  originada cuando me enteré que uno de mis programas favoritos, Los Simuladores, tendrían su versión mexicanizada. Esta reflexión es sencilla: a mi parecer México puede desplegar uno de los mejores niveles de producción técnica del mundo en cine y TV, por no mencionar la habilidad para comercializarlos y volverlos éxitos masivos internacionales, pero posee un tremendo déficit al momento de realizar  argumentos e historias novedosas.

Lo  que más me entristeció es que, cuando tuve oportunidad de presenciar los capítulos de Los Simuladores realizados en nuestro país pude constatar que apenas se había puesto esfuerzo en la adaptación de las historias y hasta en los chistes. Los gags criollos y el humor argentino apenas quedaban disfrazados al cambiar la acentuación y los términos de los diálogos de la “nueva”  serie televisiva restándole credibilidad y hasta la posibilidad de una  aportación creativa.

Como este caso existen muchos, muchísimos y cada año aumentan. Podemos seguir mencionando ejemplos de esta práctica de importación de ideas para tropicalizarlas a México por varias páginas. Películas, series de televisión como Cándido Pérez y Durmiendo con mi Jefe;  gran número de seriales tanto de Azteca como de Televisa son ideas compradas a argentinos, brasileños, españoles (Vecinos es el remake de una serie ibérica, por ejemplo) e incluso hemos llegado a la adaptación de soap operas de éxito angloparlante como es Gossip Girl, que se transformó en Gossip Girl Acapulco en un alarde  de maestría y creatividad de la titulación.

En lo personal me parecería más honesto que diéramos honor a quien honor merece, en otras palabras si vamos traer una idea o argumento de un producto mediático deberíamos traer el producto original, tal y como se hizo con la divertida serie gaucha Lalola o con la maravillosa y excelente  Cuéntame como pasó, que continúa su transmisión por Canal 22 los domingos a la noche. Esto daría variedad en la programación y obligaría a mejores producciones nacionales.

Pero la regla actual  de no arriesgar y traer fórmulas de otros para refriteralas países alcanza todos los ámbitos y géneros: en los realitys iniciamos con un Big Brother y ahora tenemos La Voz México por mencionar dos; en cine No eres tú, soy yo  es un buen ejemplo de esto (recuerdo que Eugenio Derbez decía que era 100% mexicana “olvidando” la procedencia del guión); otro ejemplo es Rebelde Way, como se llamó en Argentina, que dio como resultado una de las telenovelas juveniles más exitosas de la televisión mexicana, aunque en una versión mucho más light que la original y generando un fenómeno musical como lo fue RBD. Podemos terminar esta brevísima lista con la mención de Mujeres Asesinas, que no sólo hizo más mainstream las historias sino que descontextualizó la serie de libros que originaron la serie, bestsellers de investigación periodísticas de fuerte contenido sociológico en cada caso abordado.

Brasil, Inglaterra, Holanda, Estados Unidos, Argentina y España son los lugares de origen de un gran porcentaje de nuestra cultura mediática actual. No sólo vemos series y  películas originales en versiones  dobladas, sino que además tenemos muchísima producción de maquila en donde lo único que se hace es rehacer las ideas aportadas por creativos y escritores de otras latitudes.

Y esto no ocurre por falta de propuestas o de escritores jóvenes y consagrados con ideas atractivas que podrían aportar grandes personajes, interesantes y cautivadoras historias  o novedosos estilos de narración audiovisual. El asunto es que la industria mediática en México, en su gran mayoría, no apuesta por la novedad ni por el riesgo. No es por nada que nos hemos convertido en al paíspor antonomasia de la telenovela estilo cenicienta a pesar de gente como Reygadas, Del Toro, Luna, Amat Escalante, entre otros. Esto genera en creadores originales una coyuntura draconiana: no poder desarrollarse en México o tener que irse a otros lados para concretar sus guiones y sus talentos en el área audiovisual. 

Y no me malentiendan, no soy xenófobo mediático o algo parecido. De hecho esta columna tenía la intención original de hablar de Juan José Campanella, director argentino que admiro y disfruto, y su  maravilloso Metegol. Sé que en un mundo como el nuestro es imposible no estar conectado o tener influencias o referencias pero este problema va mucho más allá y le resta a México la posibilidad de contar su propia historia e identidad.

Para que tengamos claro el impacto de este hecho imagine usted a México como un mural de Diego Rivera o de Siqueiros, ahora tape todo con pintura de un solo color. Eso es lo que en cierto sentido ocurre cuando ignoramos a nuestros escritores y guionistas y no les damos cabida en las series, películas y telenovelas de nuestro país: perdemos capital cultural trascendente y es algo que no nos podemos permitir. 

Y es por esta razón que mi aportación se transformó en una queja personal.


martes, 26 de noviembre de 2013

Publicado en La Sillarota.com 22/11/13





Creo que antes de que usted siga leyendo debo realizar unas cuantas confesiones personales. Para mí el fenómeno de las mitologías surgidas de la cultura pop del siglo XX es un asunto serio, me encuentro fascinado por multitud de historias contadas en celuloide, papel impreso de colores o a blanco y negro, seriales de radio y producciones televisivas que tratan de mundos fantásticos, viajes a donde nadie llegó antes, guerras estelares y metahumanos de toda clase.


Para mí no es en balde el esfuerzo que han vertido importantes y significativos intelectuales de todo el mundo como Eco y Gubern, por mencionar sólo a dos de los más conocidos e importantes,  analizando las estructuras narrativas, los desarrollos estilísticos y el uso de los signos en este tipo de historias. Es, más bien, un valioso esfuerzo académico por entender el entorno de nuestras fantasías, las que siempre reflejan parte de nuestra realidad.

En otras palabras me encuentro a dos escalones de ser un Geek de la peor clase, fan del Dr. Who (¡felices 50 años!), de X-Men y tantos y tantos otros. Es por eso que a nivel personal me siento decepcionado y preocupado ante el resultado desplegado por Marvel Studios en sus últimas entregas, y en particular en Thor: The Dark World (Taylor y Gunn, 2013), en la que se retoman las aventuras de Odinson y su lucha contra el mal.

La cinta cuenta, como todas las realizadas en los proyectos derivados de las historietas de La Casa de las Ideas, con excelentes efectos audiovisuales. Constantemente vemos escenarios y luchas CGI que nos transportan  y nos sobrecogen, pero por desgracia parece que la cantera de buenas historias con las que arrancaron los creativos y directivos de Iron Man I (Favreau, 2008)  y II (Favreau y Branagh, 2010), Thor (Branagh y Whedon, 2011) The Incredible Hulk (Leterrier, 2008) y, siendo algo permisivos, The Avengers (Whedon, 2012) se encuentra al final de su veta.

Dark World nos narra el regreso del hijo favorito de Odín a los brazos de su amada Jane (siempre bella por ser encarnada por Natalie Portman) al tiempo que lucha por el destino de Midgard, es decir nosotros en la tierra,  contra Malekith el rey de los elfos oscuros al tiempo que debe forjar una alianza incómoda y riesgosa con su medio hermano, Loky (interpretado por Tom Hiddleston).

Y aquí es donde tengo que retomar mi advertencia del más arriba. Como seguidor y entusiasta de este tipo de películas y narrativas me parece injusto con la audiencia que no se mantenga un nivel mínimo de calidad en la historia, que los personajes caigan rápidamente en clichés y las situaciones sean por demás previsibles y hasta aburridas.

Por desgracia es la tecnología y no la historia o la profundidad de los personajes lo que sostiene a medias la película, siendo la única excepción el Loky que Hiddleston crea: un villano intrigante, bipolar y malvado sin caer en la simpleza absurda, que se roba la película a pesar de la belleza de Hemsworth y Portman o la presencia de Hopkins como Odín.

 El empuje de más casi seis años mostrado por Marvel Studios en la recreación de sus  personajes en la pantalla grande aparentemente está llegando a un punto muerto. Una situación que se fue desarrollando con las entregas de Captain America: The First Avenger (Johnston, 2011)   y Iron Man III (Black, 2013) y no ha hecho más que empeorar.

Lo peor, para los marvelitas fanáticos, es que esto se hace aún más evidente cuando la competencia ha logrado relanzar sus propios personajes icónicos en la pantalla de plata, en particular al caballero oscuro en su reciente trilogía.

La conclusión es que se deberá realizar un profundo y muy crítico trabajo dentro de Marvel, de los contrario no creo que los anunciados Guardians of the Galaxy, Captain America: Winter soldier y Avengers: Age of Ultron puedan lograr  algo más que confirmar la decadencia Marvel en el cine contemporáneo.

En cuanto a Thor…creo que ha llegado el momento de olvidarnos de representarlo como simplón, musculoso y combativo dios del trueno y empezar a explorar las excelentes historias que se han creado en papel a lo largos de los años en torno de él. De lo contrario el vengador asgardianano tendrá que colgar el martillo, justo como lo hace en una escena de Dark World, con el riesgo de que sea para siempre.


Final Cut
En esta semana que termina el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) lanzó la convocatoria para  la 56 Entrega del Ariel, a realizarse el año que entra. Me da gusto decir, que si no existen ninguna situación extraña, este año podemos contar con nominaciones variadas y con muchos productos de calidad en todas las categorías de la convocatoria.

Ésta entrega de los Arieles puede ser el punto donde  se dé un relevo generacional en muchos sentidos pero en especial en lo referente a directores y productores jóvenes que no caen en la tentación de facilona tradición del melodrama clásicamente mexicano, sino que toman riesgos y buscan marcar una diferencia, ojala así suceda.

@HigueraB